El sancochado se caracteriza por su generosidad, por su desmesura y por su rico sabor. Es decir, aunque su origen sea ibérico, se parece demasiado a los peruanos.
Porque los peruanos somos así: desbordantes,
exagerados y con sazón. Por eso, una manera de encontrarnos a nosotros
mismos es comiendo un rico sancochado, platillo que está muy hermanado
con el puchero español (es más, así le dicen en muchas ciudades del
Perú), pero al que le hemos sabido poner nuestro toque, nuestro estilo.
Para empezar, todo sancochado que se respete
no está compuesto de una sola carne: los clásicos son de punta de pecho
de ternera, pero acá le hemos agregado –como sucede con el que sirven en
el hotel Crowne Plaza– cordero, lengua de res, pollo, gallina, malaya,
además de chorizo, tocino, morcilla, salchichas y más.
Y si una decena de carnes no le parece
suficiente, las abundantes guarniciones –col, camote, papas nativas,
garbanzos, habas, choclo, poro, yuca y un consomé concentrado que es más
‘power’ que una dosis de maca– completan el paisaje culinario que harán que su experiencia sea cuasi orgiástica.
Uy, nos estábamos olvidando de las salsas:
dicen los glotones que no hay sancochado sin salsas, y en el Crowne
Plaza, de la mano del chef Jorge Chávarri, abundan. Allí están la
huancaína, el guacamole, la ocopa, la salsa criolla (clásica o con
tomate), la crema de rocoto, la chalaca, el chimichurri andino, el
solterito y, nuestra preferida, la charapita. Ahora sí, en este
invierno, y de la mano de un sancochado, el placer es suyo.
Fuente : Perú 21

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